Proyecto y calidad de vida

Hay algo que habitualmente comentan las personas que han sobrevivido a una grave enfermedad o trauma o quienes se enfrentan a un diagnóstico terminal, y esto es que en ellas y ellos pierde importancia el proyecto de vida y la cobra la calidad de vida.

Dedicamos mucho tiempo, energía y preocupación a planificar y tratar de mantener nuestros planes a medio y largo plazo.

Algunas pautas de estos proyectos vitales ni siquiera provienen de una reflexión o decisión propia, sino que nos vienen dados por condicionantes sociales.

El proyecto de vida en sí, no es ni positivo ni negativo, sí lo puede ser la actitud ante él.

Aún teniendo como eje de nuestra actitud y actividad vital el aquí y el ahora, no podemos dejar de lado una consciencia crítica sobre nuestra experiencia pasada ni una mínima proyección práctica hacia el futuro.

Este proyecto es necesario en nuestro contexto sociocultural y varía en tiempo y peso en función de las responsabilidades que libremente asumimos. Es necesaria también la definición de objetivos claros y motivadores en los distintos ámbitos de nuestra vida, tanto a nivel interno como externo.

Ahora bien, cuando la motivación se convierte en angustia, el esfuerzo en sobreesfuerzo, la responsabilidad en obligación que ahoga… Cuando el proyecto de vida afecta seriamente y de forma prolongada a la calidad de vida es momento de plantearse lo que estamos haciendo.

Y ¿Qué es la calidad de vida? Supongo que tendrás una idea de en qué consiste para ti.

Mi idea es que es una cierta sensación de equilibrio. Equilibrio entre esfuerzo y descanso, entre trabajo y ocio, entre dar y recibir. También es una sensación de contacto. Contacto con mis necesidades, contacto con las personas que quiero, me hacen sentir bien y me aportan algo, contacto con la realidad social.

No creo que la vida esté exenta de  problemas, momentos de crisis o incertidumbre, pero todas ellas en su justa medida, con la mirada puesta en la resolución y el cambio y con la intención de aprender de ellas.

Si tu proyecto de vida hipoteca tu calidad de vida es un mal proyecto o lo estás enfocando mal.

Nada te asegura que tu insatisfactorio presente se convierta en un futuro pleno. Es más, probablemente no sea así. Quizá cuando te acerques a alguna de tus metas te sientas tan desgastad@ e insatisfech@ que no la disfrutes.

Muchas veces la medida del futuro es el presente.

Ojalá que no tengas que afrontar una situación dura para replantearte en qué y cómo estás consumiendo tu vida.

Ya lo decía Evaristo: “Hoy es el futuro”

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